“Sus carcajadas son las melodías que hoy recuerdo”, Nayara Abril

  • By María De León Guerrero
  • 5 julio, 2019
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Nayara AbrilSoy Nayara Abril Muñoz, de la Parroquia San Fulgencio y de la Delegación de Cartagena.

Todo comenzó el año pasado, cuando en mi parroquia dijeron de realizar el viaje a Lourdes, que consistía en un voluntariado. Acepté realizar esta labor con enfermos de toda la Región de Murcia. Mi servicio allí consistía en transportarlos del hospital hasta los diferentes lugares que puedes visitar allí, como la gruta, la basílica, las piscinas…

El primer año fui con ese miedo, el miedo de qué me podré encontrar allí, qué tendré que hacer, haré lo correcto para que los enfermos estén a gusto y miles de preguntas más que me hacía en el autobús de camino al hotel.

En esos días no piensas en ti ni un segundo, solo piensas en ellos y solo estas ahí por y para ellos, porque cada enfermo tiene una historia de vida increíble, una historia de superación constante que cuando te la cuentan los pelos comienzan a erizarse y los ojos a aguarse hasta que sale esa lágrima de emoción.

Son días en los que los enfermos son los protagonistas. Me quedo con la sonrisa de oreja a oreja que ellos tienen, con sus caras de felicidad mientras les cuentas una historia o comparten contigo un baile; sus carcajadas son las melodías que hoy recuerdo. En esos instantes ellos olvidan todo lo que arrastran. Me quedo también con cada uno de los enfermos que he conocido, porque en mí han dejado una huella imborrable. Y también con la labor de los hospitalarios con los que he tenido el placer de compartir esta gran peregrinación.

Os invito a vivir esta oportunidad de peregrinación a Lourdes. Para mí los momentos en los que me invade una inmensa paz son: estar sentada a orillas del río Gave, observando a las personas que ayudan al prójimo y desde esa orilla contemplar la imagen de la Madre que es la luz y la esperanza de todo aquel que la necesita.

Quisiera dar las gracias a mi párroco D. Miguel Solana, por ser mi guía en esta misión tan preciosa.

Por último, concluyo recordando estos dos años que llevo realizando esta peregrinación, que para mí han sido inexplicables, es una sensación de felicidad, porque la felicidad también es un lugar y se llama Lourdes.

Como dice nuestro lema: amar, dar, servir y olvidarse.

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