“Lourdes: la escuela del alma y el corazón”, Gumersindo Barrancos Martínez

Sin título-1Llegó por primera vez a Lourdes hace cinco años como peregrino, a la siguiente peregrinación ya vestía el uniforme de camillero y este año ha sido responsable de Transporte Interior en la segunda planta del Accueil Notre Dame. Gumer nos abre hoy su corazón. ¡Gracias!

Mi nombre es Gumersindo Barrancos Martínez y nací el día de la Inmaculada de hace 47 años, en Sangonera La Seca. Desde que nuestro párroco, Francisco Azorín, nos hablara de Lourdes y nos animara a formar la delegación en el pueblo, se han sucedido una serie de etapas emocionales en mi vida, que ya no tienen vuelta atrás. Ésta ha sido mi quinta visita a la Madre de Masabielle y mi cuarta peregrinación con la Hospitalidad… y no puedo estar más contento, orgulloso y agradecido por todo y por tanto.

Lourdes ha sido para mí una escuela de alma y corazón. Aprender con los enfermos y de los enfermos… ¡¡Esa es la grandeza de compartir unos días con ellos!! Saber leer en lo sencillo, en una sonrisa, en un “gracias”… Cuando tratas con un enfermo, te das cuenta de que no hay nada que te diferencie de él. Esa es la magia de Lourdes como hermosa “escuela de igualdad”. Llegas a ser tan cómplice de ellos, que el día de la despedida se te parte el alma en la Sala de Tránsitos. Sus ojos de felicidad te lo dicen todo y las lágrimas afloran a los tuyos, cuando sabes que tú has colaborado en ese bendito gozo.

En esa escuela de sentimientos y de cercanía que es Lourdes, hay un eje fundamental que nos conecta a todos: el inmenso amor de Dios a sus hijos y ese purísimo puente tendido que es la Madre. La Virgen de Lourdes, tan sencilla, tan blanquica, allí, en su gruta, siempre nos espera y vela por cada uno de nosotros. Confieso que no era una advocación que estuviera entre mis preferidas, pero desde la primera vez que me postré a sus pies en la gruta, allá por el 2015, conquistó mi corazón. Ahora, al hablar de Ella, me emociono… y mucho. Este año me ha costado horrores despedirme de Ella. Miraba hacia atrás y solamente le pedía: “déjame volver”. No me da vergüenza ninguna: Lourdes me ha hecho llorar… de júbilo y de impotencia. Júbilo por saberme parte de una Hospitalidad que dedica el más mínimo detalle a hacer feliz a los enfermos, centro único de su hermoso trabajo. Impotencia porque me veo insignificante para cambiar sus vidas. Pero ahí está el Señor, el que da sentido a todo, el que todo lo puede… El que nos mira, el que nos mima, el que nos sostiene. Y ahí está María, la Madre de Lourdes, la causa de nuestra emoción en este indescriptible lugar.

Todavía mucha gente me pregunta aún: ¿qué tiene Lourdes que vas todos los años? ¿No te gustaría gastar tus vacaciones en otro lugar? Pues la respuesta suele comenzar con las mismas palabras: “no te lo puedo explicar… tendrías que ir”. Luego te animas y les dices: “Lourdes es un lugar de paz, de compartir el corazón, de sonreír porque sí, de respirar el amor de Dios pasando entre todos y cada uno de los voluntarios y los enfermos. ¡Todos somos uno! Ellos son nuestros y nosotros somos de ellos. Cuando alguno falta, lo echamos de menos. Porque la Virgencica de Lourdes cuenta con todos nosotros para realizar el gran milagro de la misericordia de Dios. En eso consiste este hermoso lugar, en saborear la misericordia del Señor y en practicarla. Esta es su grandeza y esto es lo que nos contagia la alegría que se respira allí. Porque si una palabra destaca sobre las demás en nuestra peregrinación es “alegría“… Y no, no quiero gastar mis vacaciones en otra cosa en esas fechas, porque la peregrinación a Lourdes me hace feliz. Tan sencillo como esto”.

Este año he servido como responsable de Transporte Interior, en la segunda planta del Accueil. Quiero agradecer a todos esta L Peregrinación: a la Hospitalidad Murciana por poner ese cariño siempre en toda su labor y por tener como objetivo central siempre al enfermo; a mi delegación de Sangonera La Seca por mantener la ilusión y la alegría con la que vamos a Lourdes a servir a nuestros hermanos; a nuestro párroco, Francisco Azorín, por transmitirnos esta bendita locura; a mis compañeros de servicio, Lázaro, Juan Antonio, Valentín y a todos los chicos de Transporte Interior; a Rosi, mi querida Rosi, porque ella fue la primera que me dijo: “irás a Lourdes cuando la Virgen quiera”… y así fue. Así quiero que siga siendo. Este año me gustaría ir al Stage. ¡Concédemelo, Virgencica!

¡Gracias Madre mía por tu intercesión, por tu protección y por tu grandeza! ¡Gracias, Señor por tu bondad y tu misericordia!

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