¿Qué quieres hoy de mí, Señor?: Es tiempo de Esperanza

Hola Hospitalarios:

Comenzamos un nuevo apartado dentro de la web de la Hospitalidad de Murcia, enfocado a que semanalmente podamos tener un pequeño momento de reflexión ante la Eucaristía del Domingo y también breves recordatorios en los casos en los que haya alguna celebración por parte de la Iglesia. Nuestro Consiliario, D. Luis Emilio Pascual, será quién se encargue de acercarnos con su glosa dominical a la celebración del día del Señor con ánimo y espíritu renovado, con estas pequeñas indicaciones que seguro nos serán de gran utilidad.

Esperamos vuestros comentarios y aportaciones!!

 

Domingo 33 del Tiempo Ordinario: Es tiempo de Esperanza

Ante un clima quizás pesimista o fatalista que puede acechar al hombre de hoy, es absolutamente necesario inyectar esperanza y anunciar salvación. Como el agricultor no llora la desaparición de la semilla o del grano en el surco, sino que se alegra en la espera de la espiga, así el creyente está llamado a no obsesionarse con la muerte o el Juicio Final, los sufrimientos o la persecución, sino a creer y esperar una vida que sabe eterna. Por eso no es prudente hacer juicios catastrofistas sobre la sociedad que nos toca vivir y lamentarnos del futuro que nos espera, sino que hoy es preciso anunciar con fuerza y proclamar esperanzados la Buena Noticia de Jesucristo: “Yo he vencido al mundo, yo he vencido a la muerte… ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”.

No engaña Jesús a su Iglesia con días de vino y rosas, sino que alecciona a los apóstoles ante una historia llena de dificultades y luchas, y les anima a perseverar. Jesús tranquilizó entonces a sus apóstoles, y hoy esas palabras se proclaman para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI: “No tengáis miedo cuando oigáis noticias de guerras y revoluciones, porque la vida sigue”, “Os echarán mano, os perseguirán… así tendréis ocasión de dar testimonio”, “Yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro”.

El creyente “descansa en Él”, seguro de que la historia personal y general la conduce a buen puerto. Pero esta seguridad no puede llevarnos a la paz burguesa de la inacción, sino al testimonio de vida, como hizo San Pablo: esta seguridad le dio alas para no instalarse, para recorrer comunidades, para soportar trabajos, cárceles, noches sin dormir… No hay mejor signo de tener asegurada la vida para la eternidad que poder entregarla, compartirla y perderla cada día con y por los hombres nuestros hermanos: “Llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús… Entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal, de modo que la muerte actúe en nosotros, y la vida en vosotros…”.

Este fin de semana me encuentro en Oviedo paticipando en el XLII Congreso Nacional de Hospitalidades de Ntra. Sra. de Lourdes bajo el lema que nos propone este Santuario mariano para el año próximo: “Lourdes, la alegría de la conversión”. El compartir de treinta y cuatro Hospitalidades diocesanas presentes y cerca de trescientos congresistas nos anima a la esperanza y nos estimula en la tarea.

Hoy es el Día de la Iglesia Diocesana -porción particular de la Iglesia universal- y, unidos a nuestro Pastor, debemos hacer resonar con fuerza en nuestros corazones las palabras de Jesús en Galilea cuando, resucitado, asciende a los cielos y nos encarga la misión de evangelizar a todos los pueblos: “No temáis. Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

¡Ánimo… y al tajo!, sin miedos ni complejos.

 

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